LILIANA VARELA

 

ÍNDICE DE POEMAS Y CUENTOS

UNA PALABRA

SE ME DESPRENDE EL ALMA

SOLOS

SORPRÉNDEME

VENENO

POCO A POCO

 LLEGARÉ

HIEDRA TREPADORA

Y TE FUISTE

25) COMIÉNZAME

GENTE QUE TRABAJA

MASADA

SOMOS CACHORROS DE LEÓN

ARROJAR LA PIEDRA, ESCONDER LA MANO

 SEPULTO TUS MIEDOS

SIN TÍTULO

 

AMOR DE RATAS

ULTRECH

A LAS 04:00 A.M.

IMPRESIÓN DIGITAL

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UNA PALABRA

Una palabra...

sólo una te pido para seguir existiendo

para que la vida que llevo

 tenga sentido sin ti,

para que el viento sepa

que debe orear mis alas.

Una palabra

luego marcharé por donde vine

sin volver la mirada sobre tus pasos

sin permitirme desgarrar el alma

en busca de la lastimera piedad

que tus brazos pudieran ofrecerme.

Una palabra...

después no importará el futuro

ni el presente,

no importará el silencio invasor

en el que mis labios caerán vencidos,

ni pesará la fuerza del recuerdo

martillando mis sienes.

Sólo imploro la sentencia cual reo

frente al patíbulo del destino,

cual ninfa desprovista de su magia

olvidada en estéril desierto.

Una palabra...

que enhebre los sueños que nunca serán

que ordene el caos en el que vivo

que me anime y me destruya.

 

Una palabra: Adiós.

 

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SE ME DESPRENDE EL ALMA

Se me desprende el alma

alargándose en un grito

rebelde frente al destino

que no acepta sacrificios…

y no hay trueque ni obsequio

con que engañar a la vida

todo cobra, todo pide,

siempre gana la partida.

 

Se me desprende el alma

bañándose en amargura,

y muestra con dolor seco

las heridas infringidas

en los días…

en los sueños…

en las horas ya vencidas.

 

Se me desprende el alma

                 y no

                        consigo  

                                      seguirla…

 

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SOLOS

Solos...

con una soledad tan independiente

y a la vez tan compartida.

Con ese sabor entre los labios

que nos sabe a amarga partida;

con esa aroma impregnado

que nos aisla de esta vida.

 

Solos...

y en soledad, acompañados

y a la vez tan solitarios.

Sin saber dónde nuestros pasos

nos guiarán en este lapso,

sin saber si alguna vez

volveremos a encontrarnos.

 

Solos...

en lacónica liturgia nuestras

vidas bifurcadas.

Sabiendo que el pasado

no ha de ser futuro nunca,

sabiendo que el silencio

grita a voces

su pesar.

 

Solos...

hemos sido,

no somos,

y quizás nunca seremos.

La soledad nos obligo

a refugiarnos un invierno,

en que nuestros corazones

brotaron su verano de pasión.

 

Solos...

Con esa soledad que se

rebela a derrumbar

los recuerdos,

que quema, que consume,

que agiganta los denuedos,

que rememora el hastío

que otra soledad implantó.

Solos...

Solos...tú y yo.

 

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SORPRÉNDEME

Sorpréndeme en la noche

en la que tus pupilas vibran

buscando la silueta a la que

has atado tus días…

Sorpréndeme en el día

en el que tus manos me llaman

bebiendo de mi néctar

el jugo que se derrama…

 

Sorpréndeme te imploro

aquí, en mi penumbra

en el manto del molusco

que atesora mis mañanas…

en el río caudaloso

en el que baño mis sueños…

en el eco del “Te quiero”

que mis labios ya pregonan.

 

Sorpréndeme… Y entonces

sabré lo que me amas.

 

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VENENO

Me hincaré ante tu tumba

con dulce alegría amarga,

y cuando sola me halle

tu nombre blasfemaré.

 

Pisaré la tierra en que moras

para que paz nunca tengas,

y tu espíritu deambule

como lo hace el alma en pena.

 

Cactus y espinas serán

mis ofrendas preferidas,

que en tu lápida pondré

por el resto de mis días.

 

Por eso destinaré…

lo que me quede de vida,

a injuriar tu existencia…

a maldecir tu partida.

 

Y aunque la muerte a salvo

 te haya puesto de mi influjo,

con el último aliento -y antes

de abandonar este mundo-

 

destilaré todo el veneno

-que se ahoga en mis venas-

sobre tu tumba, tu recuerdo…

hasta acallar mi impotencia.

 

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POCO A POCO

Poco a poco me despojo

de las investiduras

que encierran mi alma,

como una flor pierde sus pétalos

cuando su tiempo se acaba.

 

Poco a poco voy sintiendo

que se  extingue la poesía,

que va muriendo la risa,

que ya no existen las cosas

que antes me hacían feliz.

 

Poco a poco el horizonte

me parece mas cercano,

y veo la copa vacía

cuando la tengo en mis manos

y noto que nada sorprende

mi amanecer cotidiano.

 

Poco a poco me suicido

Ahogándome en mares lejanos

Y renazco sin  desearlo

Al instante de la muerte,

Y  cargo con nuevas cruces

La espalda de mi existencia

Y me niego y me debato

Por volver a la inconsciencia,

Por desandar el camino

Por olvidar la memoria

Por no volver a nacer.

 

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LLEGARÉ

 

¡ Yace mi niño en la tumba y no estoy a su lado !

Oye de nuevo la amada voz del difunto en boca del

bebé que ahora tiene en sus brazos:

"Soy yo, ¡pero no lo digas!", susurra mirándola a los ojos.

 Víctor Hugo.

Espérame: llegaré.

Renacido en el pistilo de una flor

que se niega a ser fruto

encarnado en el suspiro del viento

que acaricia tu rostro y susurra al oído mi nombre.

Llegaré a ti.

Surcando las aguas del Aqueronte

anclaré a tu lado sólo para reposar en tus labios

un beso portado por otros labios y otra piel.

Llegaré.

Y el inframundo no detendrá mis pasos

Seré yo sin ser el mismo que amaste un día

pero siéndolo.

Porque nada me detendrá ni la muerte siquiera,

ella sólo será un escalón en ese inmenso caracol

ascendente de la eternidad (el que perpetuará

nuestra convivencia inmortal)

Espérame: llegaré.

En cada célula nueva y joven que habite a tu lado

Búscame y me hallaras…resucitado junto a ti.

 

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HIEDRA TREPADORA

Te arrancaré de mí en jirones de alma

Vaciando el humor que circula en mis venas,

Transfundiendo la hiel de la infesta sangre

Que parasitando me encadena a ti.

 

Como venenosa hiedra trepaste en mi cuerpo

Echando raíces al pecho adheriste,

Neurálgico punto: calaste muy hondo,

cual zombi viviente tus pasos seguí.

 

En satánico rito la mente alienaste

Sesgada sin rumbo, sin norte - sin sur

Quebrando el destino vestí gris tristeza

Maquillando la mueca de inocencia feliz.

 

De agua bendita rociaré mi cuerpo: el tuyo

Para exorcizarlo de tu voluntad,

Flagelaré el huésped que succiona la esencia

la misma que un día muté para ti.

 

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Y TE FUISTE

Y te fuiste.

Mi mirada te siguió preguntándose el por qué del abandono,

el por qué del exilio que emprendías sin motivo aparente,

el por qué del arrojo al vacío sin el paracaídas que mi amor

era para ti.

 

Y me detuvieron.

Mis pasos seguirte quisieron y hasta pensé que lo había logrado

pero el hado, el destino malvado, el cielo o el infierno

me devolvieron a este vacío cuarto,

a este laberinto sin salida que espejado se rie de mi sufrir.

 

Y enloquecí.

Intentando entender el por qué y el cómo,

preguntándome qué rutas tomar para alcanzar tu viaje,

qué excusas herejes vaciar en la bilis del ateo reproche,

dónde derramar la sangre que brota cual maná de mis ojos.

 

Y entendí.

Que existe un motivo que no puedo comprender aún

designio celestial que torturante me obliga a existir...sin ti,

Que todo camino, sendero o atajo, me lleva al mismo fin.

Que aún no es mi tiempo: que debo esperar

pues este lapso me hará saber la realidad de tu importancia,

y la valía de mi alma.

 

Y que cuando culmine todo: te buscaré sin prisa, con calma

pues al cerrar mis ojos al blanco día no daré un paso siquiera

pues tú me izaras en tus alas por la eternidad.

 

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25) COMIÉNZAME

Comiénzame despacio, el tiempo es eterno

Recórreme sin prisa, cada pulgada de piel

Inunda de caricias el camino ya sembrado

y róbame el aliento que en mí haces nacer.

 

Detente en mis senos sorbiendo la dulzura

que la miel enamorada de mi cuerpo te brinda,

Reposa en mis caderas saciando la lujuria

y bebe de mi lago el maná de la ambrosia .

 

Al sentir que a la cima he llegado ya cansada

enarbola tu bandera y penetra mi dominio,

me hallaras extenuada, vencida, acabada

pero a la vez completa, porque tuya yo he sido. 

 

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GENTE QUE TRABAJA

Van en manada conglomerando rutinas,

hábitos y  costumbres.

Ataviados de normas convencionales,

dispuestos a dejar de ser ellos

para ser una unidad.

Miradas iguales presas del tiempo,

presionados por la cruel arena

que los empuja con prisa.

Qué pensarán mientras caminan.

Dónde mudarán transitoriamente sus sueños,

Cuántos secretos guardarán para después.

 

Los observo. Son tantos y yo soy parte de ellos

pero hoy no.

Hoy los observo.

Mañana no pensaré más lo que hoy pienso.

Seré uno más de esa pluralidad unida

al que alguien observará de lejos

como hoy lo hago yo.

 

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SOMOS CACHORROS DE LEÓN

Somos cachorros de león

disputándose las sobras

que abandonan los satisfechos poderosos.

Bajo la indiferente mirada

del felino real y su consorte

peleamos  entre nosotros sin piedad,

hundimos nuestro rostro en el fango

con desesperación y avidez.

 

En este mundo actual

el hombre devora al hombre

-capitalismo si lo hay-.

 

Sólo unos pocos consiguen

ocupar el lugar del  león

-ley de Darwin en plena ejecución-

y desde su trono ordenan

a sus súbditos cazar

(comiendo ellos antes que todos).

 

Los indefensos, los numerosos,

somos nosotros los cachorros.

¿Cuánta evolución hará falta

para tornarnos hienas?

 

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ARROJAR LA PIEDRA, ESCONDER LA MANO

Cobarde.

Te escudas en la ignominia

procurando no tener culpa alguna

pero sabes interiormente

de quién ha sido la mano que lanzó 

la piedra primera.

Y te asombras y confundes

y ofuscas bajo el manto diluido

de las ideas compartidas.

Cobarde.

Temeroso.

Te arrodillas ante el alud

que se avecina

como un

     gusano

          que

            en

               la

                tierra

                      se

                        entierra.

                   Asi

                  te

          ocultas

      rastrero

  incapaz

irresponsablemente inútil.

Y sólo preguntas de quién es la

culpa de tu pesar.

 

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SEPULTO TUS MIEDOS

 

Soy como un cementerio que la luna aborrece,

donde largos gusanos, como remordimientos,

se encarnizan sin tregua con mis muertos queridos.

 

                              Charles Baudelaire

 

 

Sepulto hoy tus miedos junto a los míos,

descansarán como esqueletos desconocidos

compartiendo la aventura de la putrefacción eterna.

La fosa los acogerá como una vez lo hicieron mis brazos

pero en ella no habrá calor

ni siquiera compasión.

El suelo los cubrirá con el manto del oscuro silencio

perpetúando la paz tan necesaria e inútil del camposanto.

Dormirán por siempre abrazados al olvido, retorcidos

en hediondo fango mohoso,

mutilados, carcomidos.

Danzarán dantescamente en las tinieblas del fuego

condenados a las sombras,

innombrados, marginados.

 

Sepulto hoy tus miedos junto a los míos

bajo la llave

con que cierro el corazón.

 

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SIN TÍTULO

A Ingrid Betancourt

Le brotaba el dolor por los poros

toda ella era una llaga viva

seis eternos años habían apresado sus sueños

y carcomido su existencia.

Negros cabellos convertidos en mortaja

coronaban los despojos de la mujer que había sido.

Huracán convertido en brisa,

orgullo femenino reducido a la mínima expresión

de supervivencia,

liderazgo sometido a la humillación

de quién todo ruega

para continuar un día más...

Las cadenas de la selva

lastimaban mucho más su alma

que su carne,

en tanto su suerte se jugaba

en  escritorios de burocrático ritual

a la espera de la conquista feudal

que la liberase-encarcelase

de los fantasmas propios y ajenos.

 

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MASADA

Provocación para el orgullo imperial

fueron tus murallas: Masada,

fortaleza de heroicos zelotes

en batalla contra la loba hambrienta.

 

Escarpados montes de Judea

abrigaron tu existencia sobre Herodes,

fuiste inmensa, diáfana, soberana,

testimonio de la fe que te colmaba.

 

Tres años embistieron tus cimientos

diez mil sicarios en sicalíptica tarea

ayudados por los Judas de la historia

no mellaron ni una de tus orillas.

 

Los arietes pululando en la meseta

-presagio de una triste adversidad-

mil almas en victoriosa resistencia

liberándose  del latino yugo.

 

Jamás caíste arrodillada ante el verdugo

abrazaste la muerte de la carne, no del alma,

en cruel sorteo elegiste el instrumento

y no tembló tu mano en la tarea.

 

Preferiste la piedad de los propios brazos

a la impiedad de los  brazos enemigos,

en monumento funerario construido

como ofrenda a los  paganos por llegar.

 

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IMPRESIÓN DIGITAL

 

“La impresión digital que le marcó el infierno”

 

 Amaneció sintiéndose muerto, quizás lo estuviese. Tal vez su pesadilla no había sido tal y la realidad era la de aquel oscuro sueño.

De todas maneras no interesaba, igualmente se sentía en el infierno. Nada podría hacerlo sentir mejor … ni peor.

Ya nada tenía sentido; ni el café por la mañana, ni el beso de despedida, ni siquiera esos dos pequeños que dormían en el cuarto contiguo.

Ella se había marchado, lo había abandonado como un trapo viejo que ya no servía.

Tal vez hubiese sido mejor verla padecer una enfermedad terminal y morir de a poco, al menos así existiría un motivo para recordarla con el pensamiento puro y con su imagen en un altar.

¡Pero no! Ella había elegido la deshonra, el sacrilegio, el deshonor.

Había decidido abandonarlo, llevarse a sus dos hijos e irse lejos.

¡Claro! La excusa perfecta era que él bebía ¡cómo si eso fuese un pecado!; tantos años manteniendo el hogar y por dos míseros años de desahogo alcohólico, ella se sentía capaz de decirle que era un inútil y un bueno para nada ¡y encima acusarlo de golpeador sólo por unos cuantos cachetazos bien dados!

¡Patrañas! ¡ella lo dejaba por otro! Pero él no resistiría eso ¡no lo permitiría! Antes prefería verla muerta que lejos y con los hijos de ambos.

Ella estaba totalmente loca últimamente ¡acusarlo de tener deliriums tremens!

¡por favor… sólo por haber visto dos o tres arañas un día cualquiera! ¡sólo por una confusión con unas manchas de humedad de la pared!. Estaba demostrado que ella buscaba volverlo loco para así abandonarlo más fácilmente.

Pues bien, al fin se había ido…pero sin  sus hijos ¡No señor! Eran hijos de ambos y ellos debían dormir tranquilos sin saber del malvado plan de su madre.

Demasiado horror vivía ya con esas pesadillas repetidas noche tras noche como para seguir martirizándose con la huida de esa perra.

Se golpeó el pie con el arma que siempre tenía consigo para proteger a su familia de cualquier peligro; la pateó con furia mientras entraba al baño luchando con ese obstáculo que le impedía cerrar la puerta .

-Maldición este maldito perchero que no me deja cerrar bien la puerta ! –vociferó tirando el mueble hacia un lado.

 

El cadáver de la mujer al caer evidenció unos ojos abierto al espanto; el mismo espanto que tenían las caritas de esos dos niños que yacían sin vida en la habitación contigua.

 

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AMOR DE RATAS

Lo miraba embobada; podríamos decir “enamorada” ¡claro! eso si cabe el adjetivo para aplicarlo a una rata. Pero esta historia tiene ese matiz, el de una rata vulgar y silvestre que se enamora de una gallardo ratón de laboratorio.

Lo veía todos los días desde el agujero en el que vivía –al pie de la mesada del laboratorio para más datos- Vivía suspirando por ese roedor blanco con ojos rojos que apenas si le dedicaba una o dos miradas cada tanto.

Lógicamente sus mundos eran diferentes: ella, una hembra gris sin demasiados atractivos, mal alimentada, algo sucia y luchando día a día por su supervivencia; él, de aspecto impecable, bien alimentado y cuidado por los individuos que trabajaban allí y que le mantenían la jaula en perfectas condiciones de aseo.

Le parecía imposible poder llegar a conocer a su príncipe de capa blanca y cola rosada.

¡Ay! Suspiraba nuestra amiga…si al menos alguna vez pudiese tocarlo, acercarse a él… incluso, soñando mucho.. tener hijos tan bellos como ese espécimen.

Pero todo era tan improbable que lo mejor sería dejar de fantasear e intentar nuevas estrategias para escapar de ese gato de la otra cuadra que la perseguía y la zamarreaba cada vez que podía.

¡Cómo envidiaba y amaba a ese galán de su especie! Deseaba su vida, su confort, su alimentación incluso, pero más que nada lo deseaba a él.

Encima de todo sentía que su período de celo se acercaba y la naturaleza llamaba a procrear ¿cómo podría sacar de su cabeza la imagen tan preciosa y deseada de su amado? A fin de cuentas debería aceptar a ese ratón callejero de la otra esquina que últimamente le guiñaba el ojo al verla pasar.

¡No había otra solución!...

Entonces…¡sucedió!.

Ese día uno de los hombres dejó mal cerrada la jaula de su amado; seguramente él se daría cuenta y podría escapar : al fin serían felices. Pero no, su príncipe estaba tan acostumbrado al encierro que no hacía nada por salir; ella no podía permitir eso, debía actuar.

Cuando todo quedó a oscuras y el último hombre se hubo marchado, ella subió con dificultad por el mueble del laboratorio sobre el que se hallaba la jaula. Sus jadeos iban en aumento, apenas podía respirar pero valía la pena: su sueño estaba cercano ¡al fin ella y él estarían juntos!

Se paró frente a la puerta entreabierta de la jaula y con su último esfuerzo empujó los barrotes hasta que la entrada quedó libre al encuentro de los amantes.

Lo miró fijamente; los ojos rojos de su amado estaban algo apagados. Corrió a su encuentro apresurada pero a centímetros de llegar a él se detuvo en seco. Lo miró fijamente, olisqueó el aire y volvió a olisquear.

Luego dio media vuelta y corrió asustada en dirección opuesta, hacia su cueva.

Al otro día se hallaría dando el sí al ratón gris de la esquina e intentando entender por qué  el ratón blanco le había parecido más hermoso de lo que era  a la distancia.

En tanto en el laboratorio un hombre comentaba a otro la sorpresa de haber encontrado la jaula del ratón de experimentos abierta de par en par sin que éste hubiese escapado, a lo que el otro explicaba que debía haber sido por las pocas fuerzas que poseía ese animal a causa de los tumores inducidos científicamente.

 

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ULTRECH

Supuso que aquel pequeño no había podido verlo. Ello era imposible.

Ni  siquiera era admisible el sólo hecho de pensar que un ser humano pudiese "ver" un espíritu. Pues eso era él en ese momento: puro espíritu o  vacuidad de materia para decirlo en forma más poética.

Había heredado el talento--o quizás milagro--de su padre, de poder  desprender su  espíritu--o lo que él prefería llamar conciencia—de la materia que constituía su cuerpo.

En los momentos en que sucedía esto, su cuerpo parecía dormitar  respirando plácida y muy profundamente--ni mil caballos en tropel lo habrían despertado-

Su espíritu en tanto, se movía invisible entre las personas como uno más, pero sin ser notado siquiera; tan sólo--y según tenía entendido por amigos-   apenas se percibía una suave brisa gélida que pasaba muy rápidamente.

Trabajaba en el centro de investigaciones psicológicas de Berlín, cuando sintió un honor el ser elegido personalmente por el führer para servir a la Gran y Naciente Nación Alemana.

Si bien ya había utilizado a voluntad muy pocas veces su talento—y de adulto, ya que de pequeño los desprendimientos eran tomados como  "producto de sueños" siendo de índole totalmente involuntaria-- sintió  todo un reto el ponerlo al servicio de su nación ya que admiraba a ese  gran dictador que los llevaba a la gloria alemana por sobre todas las demás naciones.

Hoy en día, pensaba que de no haber sido por el  alerta de su tía--ante su innato talento heredado--nunca hubiese tenido la ocasión de ingresar en el  centro de investigaciones ni tan siquiera de haber podido estrechar la mano de su ídolo máximo, el führer.

Recordaba el placer que le había producido el que el mismo Hitler le asignara--por medio de sus asesores--la noble tarea de trabajar para ellos,  cazando nada menos que a la inmundicia que malograba la salud de la nación y a la que el mismo führer había llamado "escoria de los tiempos"

Desde aquel glorioso día pasó a llamarse "ultrech", el "espíritu espía alemán"; el se encargaría de estar infiltrado en el ghëtto y de localizar --en estado de espíritu--a los judíos rebeldes a los cuales colocaría una U grande en la nuca, hecha con tiza del suelo para que los nazis pudiesen identificarlos a la madrugada ni bien saliese el sol—y obviamente  torturarlos a fin de sacarles información para luego matarlos.

Se había convertido en toda una leyenda terrorífica dentro de las comunidades judías, gitanas y de otra índole; se decía que un servil demonio deambulaba por las noches—y a veces los días--buscando víctimas para el asesino dictador alemán que era el diablo supremo; no sabían cómo pero todo aquel que organizara algo de resistencia era descubierto en forma casi inmediata, a pesar de tomar todo tipo de recaudos y medidas de seguridad.

Pero Ultrech sabía la verdad; estaba orgulloso de su labor: había descubierto más de 300 judíos, polacos, gitanos y alemanes renegados que ayudaban a esa escoria que pululaba en la otrora gran Alemania.

 

Muy pocos sabían su secreto: ya que éste constituía una de las "armas letales" del Tercer Reich; estaban enterados obviamente el propio Hitler y unos pocos del alto mando--entre ellos el jefe supremo del ghëtto donde  él estaba encomendado en ese momento--

Ultrech se sentía feliz de su labor; sólo debía fijarse donde alojar su cuerpo mientras estaba en trance; ya que de otra forma un incendio o una balacera podría destruirlo y su espíritu no podría habitar en esa materia, quedando "errante" entre la vida y la muerte por toda la eternidad.

Cuando entraba en trance debía relajarse por completo--de lo contrario no podía salir de su cuerpo—por eso intentaba buscar lugares alejados de curiosos y asumir un bajo perfil de judío cobarde rodeado de niños y mujeres--más que para protegerlos, para protegerse a sí mismo-

El talento que poseía lo convencía una vez más sobre la superioridad de la raza aria. Los  judíos ni en sueños podían llegar a tener tamaño don.

Por eso aquella madrugada cuando volvía a su cuerpo notó la mirada de  aquel niño fija en su "invisible cuerpo etéreo" y se sintió tentado a  acercársele hasta ponerse frente a su cara—hecho que en el pequeño provocó un leve escalofrío-

--"¿es que acaso puedes verme pequeña escoria?¿puedes ver algo que tu raza jamás poseerá? pues no lo creo"

Había musitado en los oídos de aquel niño antes de haberse introducido al cuerpo; al despertar había notado nuevamente en él, la indiferente, penetrante pero tranquila y fija  mirada otra vez.

--¿qué te sucede a ti conmigo pequeño? --lo increpó aquella madrugada-

--por favor señor--intercedió la que parecía ser su madre--mi niño tiene  problemas para comunicarse y hablar con otros, no lo estaba mirando por nada en especial, discúlpelo, el pobrecito es enfermo.

Ultrech asintió sonriendo comprensivo, aunque en el fondo pensó que era lógico que fuese un enfermo ya que era inferior a él. Ahora entendía la situación: ese niño jamás podría haberse percatado de nada, era sólo un pequeño judío loco que miraba fijo cualquier cosa.  

Aquella noche Ultrech prosiguió con su acostumbrado trabajo para el führer. Ya era todo un récord su cacería al servicio de la gran Alemania.

Se acomodó en su viejo camastro del ghëtto y comenzó con su técnica de relajación, antes le dedicó una gélida y despectiva mirada a ese niño rubio que siempre lo observaba fijo.

A los minutos Ultrech—o al menos su conciencia o espíritu--no se hallaba  en el cuerpo que yacía acostado de lado en el viejo camastro. Miró en  dirección a los otros habitantes de la habitación; sintió asco por  compartir el lugar con aquellos "inferiores" que lo ofendían con su sola existencia; consideró la convivencia como un verdadero sacrificio,   lógicamente por Alemania, pero sacrificio al fin.

Comenzó a deambular por el ghëtto en forma de fría brisa, sin ser oído, visto, ni siquiera olfateado al menos como sucede con el viento que trae lluvia.

Escuchó las conversaciones de los principales rebeldes al régimen Nazi, los identificó y ordenó por jerarquía.

 

¡Qué ilusos eran! No sabían que no podían escapar al poder del estado, al poder del Führer.

Esperó que se aprontaran a acostarse unos minutos antes de las razias de madrugada cotidianas.

Se colocó junto a ellos--uno por uno--y sopló en su nuca la tiza del suelo,  con la cual dibujó una U muy  nítida—hecho que simplemente provocó un rápido escalofrío en la persona-

Luego y, así como había llegado se deslizó hacia el interior de su cuerpo, esperando una nueva cacería matinal. Su última mirada "etérea" fue hacia  el pequeño judío, quién dormía plácidamente frente a él.

Lo despertaron los ruidos de los nazis entrando al ghëtto; Ultrech sonrió interiormente.

 

Un soldado entró en el cuartel general del jerarca nazi encargado de la vigilancia y seguridad del ghëtto. Saludó a su superior.

--¿alguna novedad soldado?

--a decir verdad señor, ha sucedido algo peculiar

--explíquese inmediatamente--ordenó.

--sólo se ha podido detener a una persona con la marca de reconocimiento señor.

--¡qué raro! no puedo creer que esos infelices estén dejando de pelear tan pronto contra el supremo poder; no los considero tan inteligentes como  para entender su inferioridad y someterse al fin.

--además señor...

--Sí ¿qué más? prosiga..

El soldado parecía confundido

--el atrapado comenzó a decir incoherencias sin sentido, gritaba que él era Ultrech, que él era el espíritu asesino alemán pero..inmediatamente lo mandamos ejecutar según sus órdenes señor.

El general cayó desplomado y pálido en su asiento.

Mientras en el ghëtto un pequeño judío sonreía jugando con la tiza del suelo y pensando que lo que su madre siempre le decía era verdad: él no era extraño por decirle que podía hablar con los espíritus y también verlos; él era igual a muchos otros, y ni los nazis, ni los judíos eran superiores. Todos eran iguales: sólo los diferenciaban los sentimientos.

 

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A LA 04:00 A.M.

Me desperté sobresaltado. Mi tiempo se acababa. ¿cómo podía haber dormido siquiera?

Sólo faltaban tres minutos para las 04:00 a.m. , sólo tres minutos para que el caos se cerniera sobre mí, para que mi existencia dejara de ser tal: ciento ochenta segundos para morir.

¿cómo sabía que iba a morir? :  fácil,  me lo habían dicho las cartas, el destino. Ya sé, muchos pensarán que es una locura el dejar que “la lectura” de unos simples naipes digitase mi vida, pero es que jamás se habían equivocado los arcanos antes, en ninguno de los sucesos claves de mi historia personal.

Además, yo confiaba en quién me había tirado las cartas, era una persona de muy buena reputación ¡incluso había pronosticado el embarazo de una amiga que no podía quedar encinta a pesar de numerosas pruebas de fertilización! ¡y ni hablar de la muerte anticipada que le había leído a mi prima un mes antes de que ésta sintiera síntomas de ese tumor que permanecía escondido en su organismo!

En fin; yo tenía la fecha y hora exacta de mi muerte: 17 de marzo de 2008, hora exacta: 04:00 a.m. ¡con esos datos tan certeros no era cuestión de dudar!

Lo sabía desde hacía 9 meses. Recuerdo la palidez de la cara de la tarotista al ver el naipe de tarot de la muerte junto a la torre y al carro de la vida, no olvido su lividez al no saber cómo articular una “verdad más blanca” por así decirlo.

Yo, algo conocía de cartas ¡tampoco era un novato en esas artes! así que no había podido engañarme –por desgracia para mí.

Reconozco que estos meses han sido un dolor tras otro: tratar de no pensar en mi muerte, organizar mis papeles y mis trámites burocráticos, es decir: ordenar en lo posible el caos en que se mecía mi existencia.

Siempre comprendí el valor del tiempo vivido; para qué hacerme malasangre antes de tiempo: no tenía sentido. Obviamente que era angustiante el momento pero también era verdad que no podía luchar contra el destino.

La única duda era la forma de morir; ella no había podido descifrar eso.

Ya faltaban treinta segundos, sólo treinta segundos para el final.

¿Y ese olor? ¿qué era ese olor? se sentía como humo pero no podía ser.

Al asomar la cabeza por la ventana divisé que el piso de arriba estaba en llamas ¡claro, seguramente ese era el verdugo de mis días: mi final! Pero... estaban acortándose  las lenguas de fuego , y la vecina gritaba hacia el interior del lugar que no se asustaran, que había apagado el fuego, sólo había humo.

Al mirar el reloj vi  que las 04:00 a.m. habían pasado; ya la hora era pasado y yo seguía con vida ¡no había muerto!

¡Albricias! la mujer se había equivocado conmigo ¡Gracias a Dios! no había muerto...no moriría ese día!

¡qué importaba el humo llenándolo todo, qué importaba la falta de aire y la sensación de ahogo que sentía! ¡no iba a morir!

Me tiré en la cama jubiloso de mi suerte, fantásticamente seguro de perpetuar la vida ese día y muchos más.

Eran las 04: 15 cuando el sueño y el ahogo me vencían...mañana sería otro día ¡hoy le había ganado a la muerte!. Además tenía una hora más para dormir aún ya que debía atrasar una hora el reloj debido a la ley del país que sancionaba el horario de verano.

 

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CURRÍCULUM DE LILIANA VARELA

(Poetisa Argentina)

Liliana Varela es Profesora de Ciencias Biológicas y Químicas.

Nació en Berisso, provincia de Buenos Aires.

Se dedica a la docencia desde 1988 -abarcando el Nivel medio, Adultos y Auxiliares de Maestra Jardinera-

Cursó tres años de la carrera de Abogacía y casi dos años de la licenciatura en Genética.

Su hobbie siempre ha sido la literatura, a la cual retornó en 2000. Tiene publicados numerosos cuentos y poesías en páginas de Internet de Argentina, Venezuela, Brasil, Chile, Colombia, España y Ecuador.
Fue seleccionada por Editorial Dunken para integrar el libro de poemas “
Voces Eternas” del 2006.

En el mismo año Editorial Nuevo Ser la integró en una de sus antologías de poemas.

En septiembre de 2006 editó su primer libro de cuentos "Cuentos Varios" de editorial Dunken. Dicho libro fue presentado en el encuentro "Vientos Contrarios" el 11 de noviembre de 2006 en Ciudad Jardín de Palomar ; la presentación estuvo a cargo de los moderadores de "Utopoesía" "Grupo de Susana Santamarina"y "taller literario "De vito " entre otros.

Actualmente es una de las moderadoras del foro poetico "Muestrario de Palabras" y edita junto con otros autores la revista digital del grupo "Palabras al Sol".

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